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miércoles, 24 de abril de 2019

Comprender y amar





El amor lleva la felicidad a otras personas; la compasión significa aliviar su sufrimiento. La llave que abre la puerta del amor y la compasión es nuestra capacidad para comprender nuestros propios sufrimientos y dificultades, y el sufrimiento y las dificultades de los otros. Si somos capaces de observar y comprender nuestro padecimiento, observaremos y comprenderemos con facilidad las dificultades de otra persona, y viceversa.
Ésa es la práctica de sumergirse profundamente en la primera y la segunda de las Cuatro Nobles Verdades, las cuatro verdades sagradas y maravillosas del budismo. Las Cuatro Nobles Verdades son: primera, existe el sufrimiento.
segunda, hay un camino o una serie de condiciones que han producido el sufrimiento;
tercera, el sufrimiento puede cesar ( la felicidad siempre es posible);
y cuarta, hay un camino que conduce al fin del sufrimiento, a la felicidad.
Al reconocer y admitir nuestras dificultades (la primera Noble Verdad),
y luego observarlas con detenimiento y atender a sus causas (la segunda verdad),
somos capaces de ver el camino de salida, la senda de la liberación (la cuarta verdad);
la transformación y el fin del sufrimiento que se logran al seguir ese camino es la tercera Noble Verdad.
He aquí un ejemplo de cómo funciona la práctica. Un padre hace daño a su hijo. El padre no advierte que está haciendo sufrir a su hijo y también a sí mismo. Realmente cree que el modo en que lo trata redundará en su bien. No es así en absoluto.
El caso es que el padre tiene muchas dificultades y heridas, pero aún tiene que descubrirlas (la primera Noble Verdad: el reconocimiento del sufrimiento)
y buscar sus causas (la segunda Noble Verdad: el camino que conduce al sufrimiento).
No sabe como afrontar su propio padecimiento, hace daño a su hijo y cree que es éste quien origina toda la infelicidad.
Tal vez el padre fue sometido, siendo muy joven, a un cruel maltrato por parte de su propio padre, el abuelo. El abuelo volcó toda su ira y dolor en este padre, y ahora el padre obra como el abuelo, volcando toda su cólera y angustia en su hijo. La rueda del samsara gira una y otra vez mientras el sufrimiento se transmite de una generación a la siguiente. El padre no ve la segunda Noble Verdad, la fuente de su sufrimiento. Ahora es el momento de que el hijo practique:

Al inspirar, me veo a mí mismo como un niño de cinco años.
Al espirar, sonrío al niño de cinco años aún vivo y presente en mí.
Al inspirar, observo que el niño de cinco años que hay en mí es frágil, vulnerable y está herido.
Al espirar, acojo al niño de cinco años que hay en mí con todo mi amor y comprensión.

Esta es la primera parte de la práctica, volver a uno mismo para reconocer y acoger al niño pequeño que hay en nuestro interior. Durante largo tiempo has estado demasiado ocupado como para obrar así. Ahora vuelves para hablar, escuchar y acoger a ese niño. El proceso puede empezar.
Thich Nhat Hanh

martes, 23 de abril de 2019

¿Dónde esta la fuerza?






-- ¿Cómo puedes ser tan bueno?
Era la pregunta que le hacian a un chico al ver su actitud ante un montón de comentarios irónicos que se le estaban haciendo a lo largo de la mañana.
Más tarde, a lo largo de una conversación mientras tomabamos un té, él mismo saco a colación el comentario. Parecia que ni lo había oido, pero sí. Con su actitud atenta a cada instante había escuchado el comentario y había decidido no responder. Esa fue su respuesta.
Sí que tuvo un pensamiento. No es tanto de ser bueno, sino más bien de ser listo. Conoce y ama a la persona que hacia esos comentarios. Sabe que es ella la que tendrá que aprender alguna cosa, él no es distinto por lo que diga dicha persona. No toma los comentarios como realidad suya. Y, además, sabe, por experiencia, que responder puede suponer una discusión. Y sabe, también por experiencia que duerme mucho mejor el día que en lugar de discutir, sonrie. Así que decide que quiere dormir felizmente esa noche, por tanto responde con una sonrisa. Le gustaría explicarselo a esta persona, pensando que tal vez así, ella misma vea el mundo de otro color o al menos a él mismo. Pero también sabe, por experiencia que decirlo no ayuda. Es más, en este caso se vuelve contraproducente, ella reaccionará con desconfianza, con miedo. y, por tanto, alterada. Tal vez pueda observar que ocurre con sus comentarios, tal vez es la primera vez que se encuentra con una respuesta como esta, una sencilla sonrisa y silencio. Tal vez, dado que lista debe de serlo, se de cuenta que con el juicio a los demás lo único que hacemos es hablar de nosotros mismos, la parte mala es que ni lo sabemos.