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viernes, 5 de junio de 2020

de mascarillas


 Coronavirus, covid-19. People in white and black face mask. Vector banner illustration.





He salido a dar un paseo por mi barrio, hoy he visto mucha gente, creo que cada día sale más la gente a la calle, o tal vez ha sido la hora del paseo. La cuestión es que me encontraba mucha gente en dirección contraria a la mía con la mascarilla, aun no se expresar lo que he sentido, me ha parecido estar en una película de ciencia ficción, y también me ha parecido encontrarme con personas mutiladas, que no pueden expresarse, que no sonríen, que no besan, ni siquiera deben de gritar. Y llamar a alguien? o silbar, o comerse un helado por la calle, o fumarse un pitillo, ... les faltaba el rostro!!!. Algunas mascarillas, deben ser de las caras, parecen de piel, son de color blanco e impresionan más todavía que esas de 0,95 que son las que me compre yo.
REcuerdo que entre en una farmacia y pregunte si tenían mascarillas, ¿para qué me pregunto la dependienta? como si pudieran ser para distintas cosas, igual sí. Para quedar bien, dije yo, bueno y también para que no me multen. Sí, es obligatorio en algunas situaciones y, también, en otras, vale la pena no discutir o sencillamente ser amable con el otro, sobretodo porque parece que hay personas con mucho miedo.
En fin, no se cómo afectará esto a la industria de los cosméticos, y los hombres igual dejan de afeitarse, al fin y al cabo ya no se ve si llevas barba o no. Y ojo con los dentistas, ahora que esta lleno de clínicas dentales, que la excusa de ir al dentista para tener una bonita sonrisa ya no tiene sentido. Pero no dejo de pensar en los payasos, sí, los payasos tienen una boca muy amplia, enorme y, además, una nariz redonda, gorda, yo creo que no hay mascarillas para esas dimensiones. Además, va a perder su oficio, se van a quedar en el paro, si no podemos ver su sonrisa, cómo van a interesarnos? Sin embargo, para los diseñadores ser ha abierto todo un mundo, fíjate, creo que ya no sabían que diseñar, y, ahora tienen todo un mundo por delante, mascarillas primavera, verano, otoño e invierno, para el día y para la noche, para días de trabajo y para días festivos, mascarillas de boda y otras con motivos infantiles para los bautizos.  De  un color distinto para cada día de la semana, para reivindicar la orientación sexual,  o para festejar el día internacional correspondiente de cada día del año,  y no digamos para esas personas que aman tanto a su país, que si esta bandera, que si la otra. Claro que lo mejor es si alguien es capaz de dibujar sonrisas en las mascarillas, así, todos iremos mostrando una sonrisa aunque tal vez hayamos olvidado sonreír.
Podría pasar también como en aquella historia que me contaba mi abuela. Sí, puede ocurrir que algún día llevemos todos la mascarilla sin saber por qué. Porque claro, si la industria se pone a trabajar para fabricarnos millones de mascarillas, cuando ya no nos obliguen no podemos pedir que cierren sus fábricas y que se vayan al paro los empleados y que los accionistas dejen de recibir dividendos. Eso generaría mucha indefensión, sobretodo a los accionistas, que los trabajadores tienen una paguita para esas situaciones, pero ¿y los rentistas? Habría que rescatarlos, eso si, sin subir los impuestos, mejor no gastar en cosas superfluas.

lunes, 18 de mayo de 2020

El miedo guarda la viña



 Viñas-círculo-virtuoso - Carbonell Farma




https://elpais.com/opinion/2020-05-15/los-desafios-del-coronavirus.html



Dª Adela Cortina, eminente Catedrática de Ética de la UV nos habla de "Los desafíos del coronavirus" en un articulo en el prensa, en donde nos habla del "miedo", el miedo para hacer frente al desafío sanitario, sí, acompañado de los profesionales de la salud, pero sobretodo con el miedo, y enumera los miedos: a la enfermedad, al contagio, a la muerte, y a las multas por incumplir las reglas. Y recurre a un dicho rural, "siempre el miedo guardó de algún modo la viña".  Y se refiere que es conveniente el miedo sobretodo en las sociedades de masas, compuestas por un conjutno de individuos atomizados, a los que les unen intereses puntuales, en este caso el interés por sobrevivir.

Sugen muchas preguntas:
¿Cuánto de miedo he de tener  para no acercarme a la viña?
¿Qué grado de hambre he de tener para perder el miedo a las posibles consecuencias de acercarme a la viña y comer de su fruto?
¿Qué esfuerzo de guarda hay que hacer para que el miedo a romper la ley pueda ser convenientemente penalizado en el caso de que yo tenga más hambre que miedo?

Me pregunto, ¿tomaria lo que no es mío?  Y ¿los demás seres tomarian lo que no es suyo?  
¿Será distinta la respuesta para ambas preguntas? ¿Por qué es distinta? ¿Por qué es la misma respuesta?
También me pregunto ¿de quién es la viña? y ¿por qué?  ¿quién puede disponer de su fruto? ¿por qué?



 Los desafíos del coronavirus

El País 16/05/2020

La pandemia del coronavirus ha lanzado un reto mundial y local que afecta en principio a la salud de las personas concretas y está llevándose consigo una gran cantidad de vidas. Cómo no recordar en estos días a Max von Sydow, el actor sueco recientemente fallecido, que representó en El séptimo sello la figura del caballero que juega al ajedrez con la muerte una partida, perdida de antemano, en ese tétrico marco medieval de procesiones de flagelantes aterrados ante la peste. O la magistral descripción de la peste de 1630 en Milán que ofrece Manzoni en Los novios. O el brillante relato de García Márquez en El amor en los tiempos del cólera. Terribles epidemias que se extinguieron con gran sufrimiento, como también pasará la de este virus que surgió en China, se cebó después en Europa, ha pasado el Atlántico y llegado a África.
A diferencia de otras epidemias, en la actual las sociedades avanzadas cuentan con más y mejores recursos sanitarios, con personal bien formado y entregado a su profesión hasta el sacrificio. Merecen todo nuestro más profundo agradecimiento. Y aunque han surgido oportunistas sin escrúpulos, que roban mascarillas o suben abusivamente los precios, abundan las conductas solidarias de quienes se prestan a acompañar ancianos, hacer la compra a personas mayores, cuidar niños cuyos padres están trabajando, donar sangre, trasladar personal sanitario gratis en taxis, se amplían las plazas para acoger a gentes sin hogar. Un problema que, por cierto, tiene que resolverse con programas como el housing first, que han propuesto entre nosotros fundaciones como RAIS. Pero en otros países la asistencia sanitaria pública no existe y en un continente como África arrasó la malaria por no contar con algo tan simple como mosquiteras y se cebaron el sida o el ébola. La solidaridad universal es indispensable en un mundo interdependiente.
Por lo que respecta a España, hacer frente al desafío sanitario será posible por los desvelos de los profesionales de la salud y porque el miedo al contagio, a la enfermedad, a la muerte y a las multas por incumplir órdenes es un buen consejero. Siempre el miedo guardó de algún modo la viña, sobre todo en las sociedades de masas, compuestas por un conjunto de individuos atomizados, a los que unen intereses puntuales, en este caso el interés por sobrevivir. Por eso estos días se repite el eslogan: “Navegamos todos en el mismo barco, debemos estar unidos”. Y ciertamente, es así. Pero el fugaz vínculo del interés temporal es demasiado débil para hacer frente con altura humana al desafío social y económico, que ya se está incubando, y exigirá para enfrentarlo mucho más capital ético que la convicción de que no nos conviene egoístamente que se hunda el barco. La agregación de individuos atomizados no basta, hace falta un “nosotros”.
Por muchas medidas paliativas que se tomen, ya están cerrando empresas, se pierde gran cantidad de puestos de trabajo en un país con un alto nivel de desempleo, el descenso de la Bolsa acaba afectando a todos, también a los más vulnerables. Habrá un antes y un después de la crisis, y para ese “después” necesitaremos mucho más que una ciudadanía temerosa, mucho más que unos políticos preocupados sólo por sus juegos de poder y por los votos, unos medios de comunicación al servicio del bien común. Hacer frente al reto social y económico exige acrecentar el peso de lo intangible en la vida social.
En algunos de sus textos recuerda Philip Pettit que los mecanismos de control de una sociedad moderna son fundamentalmente tres. Dos de ellos son bien conocidos: la mano invisible de la economía de mercado y la mano visible del Estado. Desgraciadamente, está muy extendida la convicción de que con esas dos manos basta para llevar a buen puerto una sociedad, cuando lo cierto es que resulta también indispensable la mano intangible de los valores, las normas y las virtudes cívicas, que es valiosa por sí misma y para lograr que la democracia funcione. Es el aceite que engrasa las ruedas de las maquinarias visible e invisible desde el peso de lo intangible. Lo que la tradición clásica ha llamado el êthos, el carácter de una sociedad, desde el que hace frente a las situaciones.
No es extraño que Levitsky y Ziblatt, politólogos de la Universidad de Harvard, preocupados por el declive de la democracia, y muy especialmente por el golpe que han supuesto el triunfo de Trump y su Gobierno, se pregunten cómo mueren las democracias y apunten, como una de las causas, a la erosión de creencias y prácticas asumidas por el conjunto de la población. Las democracias necesitan normas legales, como las Constituciones, pero funcionan mejor y son más duraderas en los países en los que se refuerzan con códigos de conducta que la comunidad respeta y asume. Igual que el oxígeno y el agua clara, su importancia se revela en cuanto faltan. Es lo que ocurre con valores como la tolerancia y con la convicción de que no se deben llevar a cabo acciones que, aunque sean legales, ponen en peligro el sistema. Y añaden: el genio de la primera generación de líderes políticos de América consistió en que, además de diseñar muy buenas instituciones, establecieron un conjunto de creencias y prácticas compartidas que ayudaron a hacer que esas instituciones funcionaran.
En estos días de preocupación más que justificada por una pandemia letal se oyen a menudo dos preguntas: ¿saldremos de ésta? y ¿qué habremos aprendido para el futuro? Y sí, saldremos de ésta, aunque muchos quedarán —o quedaremos— por el camino, porque todas las epidemias se han superado mal que bien. Pero lo que sucederá en el futuro dependerá en muy buena medida de cómo ejerzamos nuestra libertad, si desde un “nosotros” incluyente, o desde una fragmentación de individuos en la que los ideólogos juegan para hacerse con el poder. Es en este punto donde demostraremos que hemos aprendido algo.
Por eso es letal atizar la polarización y el conflicto para ganar votos, instrumentalizar incluso la dolorosa pandemia para destruir adversarios, dar informaciones sesgadas que falsean la realidad. Es momento, como siempre, pero todavía más, de apostar por la verdad que une y librarse de la ideología que separa, entendido el término en su sentido más clásico, como esa visión deformante de la realidad con la que juegan los poderosos.
A pesar de las declaraciones de algunos gurús de que no somos libres, lo cierto es que sí que lo somos y nos vemos obligados a elegir. Estamos condicionados, claro está, la enfermedad, la tristeza y la muerte nos acompañan sin buscarlas; la actual pandemia nos ha hecho conscientes una vez más de nuestra fragilidad, y vendrán nuevas epidemias para las que no tendremos una respuesta inmediata. Pero lo que sí podemos anticipar es que estaremos mucho mejor preparados para enfrentarlas si lo hacemos desde la amistad cívica, que es preciso cultivar día a día. Desde la convicción de que estamos unidos por un vínculo que nos convierte en un “nosotros” incluyente, no en uno excluyente frente a “vosotros y ellos”. Desde la indispensable solidaridad, que no se improvisa y de la que algunos están dando tan buenas muestras en esta dolorosa situación.

Adela Cortina es catedrática emérita de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas y Directora de la Fundación Étnor.


jueves, 27 de febrero de 2020

Pedir

 Mendicidad, Manos, Pobres, Esperanza, Caridad, Recibir
Todos mendigamos alguna cosa, unos piden en la salida de los templos una limosna, otros piden una conversación a un amigo, hay quien pide compañía para ir al médico y hay quién pide que le dejen tranquilo unas horas para poder estudiar. Hay peticiones claras, directas, con las que es fácil colaborar.
Hay otras peticiones, una mirada, un abrazo, una caricia, un sentir que te quieren, un que te comprendan, una sonrisa de la persona amada, un sentirse deseado, que nos resultan más difíciles de solicitar. A mi madre ni le solicitaba el abrazo, directamente se lo daba, nunca percibí un rechazo. Con uno de mis hijos le observo primero, no tengo temor de ser rechazado, pero si se que no siempre esta dispuesto a recibir mi abrazo. Dar el abrazo y recibirlo, saberlo dar y saberlo recibir, ser capaz de darlo y ser capaz de aceptar que el otro ahora no quiere recibirlo. Y ser capaz de decir lo que se quiere, tanto para tomarlo como para no tomarlo. NO hay juicio, solo hay amor.

Cuando sabes que amas a una persona sabes que cualquier cosa que te pida, si esta en tu mano, se la vas a facilitar. Sientes el amor de esa persona hacia ti cuando confía en ti para pedirte aquello que precisa, que desea. Y tu amor hacia ella tiene donde manifestarse.

En ocasiones yo mismo no se como pedir lo que quiero. Me doy cuenta de ello, me doy cuenta de que en alguna ocasión he dado un gran rodeo para pedir algo sencillo. Y en otras ocasiones ni si quiera he llegado a pedir lo que quiero.
¿A qué se debe no saber pedir? ¿Faltan palabras? ¿Miedo a que me digan que no? ¿Exceso de "buena educación"? ¿Prejuicios?
Creo que hay miedo, miedo a ser rechazado, a que me digan que no.
O también puede ser que no nos atrevamos a pedir aquello que no estamos dispuestos a dar.

¿Quiero una compañera de vida? Y si es así, ¿qué quiero de ella/con ella? ¿qué estoy dispuesto a dar?

Quiero una persona alegre, vital, inteligente, lista, atractiva, dispuesta a escucharme, me mira con admiración, como si cada día fuera el primer día, sin prejuicios, hay confianza entre nosotros, somos compinches, no hay horarios para mirarnos, para darnos un beso o para hablarnos.
Respetamos los espacios del otro, los tiempos, con cada día nos vamos conociendo un poco más, en el   modo de ser, en las  manías, las  costumbres, me acoplo a las de ella, ella se acopla a las mías, lo primero entre nosotros es la ausencia de miedo, la confianza, el amor. Sobre ese pilar construimos nuestro día a día. Nos amamos. Tenemos sexo. Nos divertimos. Salimos con amigos, compartimos amistades. Compartimos intereses, proyectos, vida. Hablamos con total libertad de nuestros hijos. Tenemos encuentros con ellos, juntos. Viajamos juntos, compartimos las incidencias del día, cocinamos uno para el otro, nos abrazamos en la cama, nos miramos a los ojos antes de dormirnos y damos gracias por ese estado vital que hemos creado juntos. Nos sentimos fuertes, poderosos. De dos personas alegres, vitales, inteligentes, atractivas, bondadosas, amables, curiosas, con caracteres distintos, con ansias de crecer, con la sabiduría de saber que lo más valioso es lo que cada uno es en si y por si mismo, con la confianza de saber que uno ya es TODO y que juntos uno y uno suman TODO.

Ya sabes que llevo días queriendo escribirte, decirte. Algo he hecho. Cuesta mucho. Peleo entre varias corrientes. Esta la historia pasada, están mis miedos, están estas semanas, esta tu mirada, la mía, de unos días, de otros. Esta el amor que siento por ti, el que siento por mi, y están los miedos, y no entiendo si te amo, como puedo tener miedo, y si me amo, como puedo tener miedo.
Si hay miedo hay falta de amor. Tal vez no te amo, tal vez no me amo.
Y se que te amo, y se que me amo.
Y con miedo te lo digo, pero lo digo.

martes, 23 de abril de 2019

¿Dónde esta la fuerza?






-- ¿Cómo puedes ser tan bueno?
Era la pregunta que le hacian a un chico al ver su actitud ante un montón de comentarios irónicos que se le estaban haciendo a lo largo de la mañana.
Más tarde, a lo largo de una conversación mientras tomabamos un té, él mismo saco a colación el comentario. Parecia que ni lo había oido, pero sí. Con su actitud atenta a cada instante había escuchado el comentario y había decidido no responder. Esa fue su respuesta.
Sí que tuvo un pensamiento. No es tanto de ser bueno, sino más bien de ser listo. Conoce y ama a la persona que hacia esos comentarios. Sabe que es ella la que tendrá que aprender alguna cosa, él no es distinto por lo que diga dicha persona. No toma los comentarios como realidad suya. Y, además, sabe, por experiencia, que responder puede suponer una discusión. Y sabe, también por experiencia que duerme mucho mejor el día que en lugar de discutir, sonrie. Así que decide que quiere dormir felizmente esa noche, por tanto responde con una sonrisa. Le gustaría explicarselo a esta persona, pensando que tal vez así, ella misma vea el mundo de otro color o al menos a él mismo. Pero también sabe, por experiencia que decirlo no ayuda. Es más, en este caso se vuelve contraproducente, ella reaccionará con desconfianza, con miedo. y, por tanto, alterada. Tal vez pueda observar que ocurre con sus comentarios, tal vez es la primera vez que se encuentra con una respuesta como esta, una sencilla sonrisa y silencio. Tal vez, dado que lista debe de serlo, se de cuenta que con el juicio a los demás lo único que hacemos es hablar de nosotros mismos, la parte mala es que ni lo sabemos.

jueves, 10 de enero de 2019

¿Con quién estoy enfadado?



"El poder creativo universal"  , desde ayer están presentes estas cuatro palabras; el poder creativo universal y que todos poseemos. Fijate, somos responsables de nuestra vida, ni los otros, ni las circunstancias, ni el lugar, nada influye más en nuestra propia vida que nosotros mismos, creamos nuestra propia vida. Y me pregunto ¿cómo es que sufrimos? ¿cómo es que lo pasamos mal?, pero ¿tan absurdos somos?
Según señalan los autores (*) solo somos capaces de usar nuestro poder creativo cuando estamos en sintonía, cuando hemos enfrentado nuestros miedos. Trataba de entender esto, por que me pregunto, ¿cómo es que tenemos esos miedos, esas taras, que nos impiden vivir en plenitud?
De repente me acuerdo de lo que los catolicos llaman el "pecado original", en otros ámbitos lo llaman "el ego", y otros, la educación recibida, las tradiciones, las vivencias, .....
Si que intuyo y he experimentado en alguna ocasión que cuando miro con una sonrisa suelo recibir una sonrisa, cuando recibo con un grito suelo recibir un grito. Muy simple, pero seguro que lo has podido comprobar en más de una ocasión, sino es así, pruebalo. Es interesante.
La siguiente pregunta es ¿porque no voy siempre con la sonrisa? al fin y al cabo me recompensa mucho más que cualquier otra mirada.
Aqui surge la ignorancia. Creo que somos unos grandes ignorantes.
Me contaban una historia.
Pepe ese día estaba muy enfadado con María, su pareja, llevaban ya tres años juntos, dos de ellos conviviendo y en general estaban contentos y felices, lo que no quitaba que de tanto en tanto surgía alguna cosa que los enfadaba. En esta ocasión Pepe le reprochaba a María lo inoportuno de haber ido al cine esa tarde y encima la película, que había elegido Pepe, no valía gran cosa, a ambos les pareció una comedieta romántica demasiado simplona, sin mucha gracia, ni siquiera habían reído, ni originalidad. Así que Pepe se mostrada distante, serio, enfadado. Ante esta actitud la reacción de María en primer lugar fue distanciarse, tal vez para protegerse, tal vez para no ser menos, quién sabe. Lo que prometía ser una agradable tarde de domingo se estaba convirtiendo en un "¿qué hago yo aquí?"
El día siguiente Pepe pudo quedar con su amigo del alma, comieron juntos y tuvieron ocasión de hablar, no de trabajo, sino de sus cosas personales. Pepe le contó la tarde tan gris que había pasado aun estando con su amada. Jordi, su amigo, le escuchaba sin interrumpir, sin juzgar, le miraba a los ojos y esperaba con serenidad, sin escrutar, solo sintiendo lo que su amigo de infancia le relataba.
Se conocen desde niños y Jordi sabe lo difícil que es para Pepe hablar de sus cosas intimas. La escucha atenta de Jordi y su silencio hizo que Pepe se pasara toda la comida hablando sobre la relación con María.
-–- Por que claro, yo esa tarde habría preferido quedarme en casa preparando las clases que he de dar en la facultad esta semana, soy novato en esta tarea y requiere un mayor esfuerzo para mi. Ella como ya lleva años de profe no tiene tanta presión como yo, pero no lo entiende, aunque tal vez tampoco me he atrevido a decírselo, quiero que vea que soy muy capaz, tanto como ella y como cualquier otro de sus admirados compañeros.
Jordi lo estaba viendo, en realidad con quien se había enfadado Pepe era consigo mismo. Él sabia que ni era necesario dar una imagen determinada ante María, ya que ella lo quiere. También sabia que no parece nada "sano" sentir celos de los compañeros de María, al fin y al cabo María había elegido estar con él. Y sabia que esa tarde se podía haber quedado en casa preparando las clases, María tal vez se habría ido al cine con alguna amiga o sola o tal vez le habría acompañado en casa sin mayor problema. Pero No se atrevió a admitir la necesidad de dedicar más tiempo a su trabajo. Es más, Pepe, se esta juzgando, no se esta cuidando cuando se enfada, no cuida a su niño interior cuando se juzga y por eso se siente mal, y quiere ver que ese sentir proviene de fuera.
Sí, Pepe, estaba enfadado con él mismo, pero lo manifestó protestando por la película, protestando por que de nuevo cenaron pizza, ¿cómo iban a bajar esos tres kilos que pretendían?, .....

​¿Cómo va  a poder aplicar  Pepe todo su poder creativo para una vida feliz? En realidad la distorsión que supone no mirar hacia donde esta el punto débil, no admitirlo, no aceptarlo, hará que permanezca ahí. ¿Cómo voy a poder cruzar el río caudaloso si no reconozco que hay agua, que corre a gran velocidad, que he de ir por un puente?​
Mirar dentro nuestro, observar nuestros miedos, hacerles frente, ver que no son más que creaciones de nuestra mente, tal vez a causa del pecado original, tal vez por nuestro ego, tal vez por la educación y la experiencia, pero son creaciones que no hacen más que embrutecer, taponar, esa fuerza creativa que todos tenemos.
(*) Del miedo al Amor. El Método Pathwork para transformar la relación de pareja.
Eva Píerrakos y Judith Saly



lunes, 3 de diciembre de 2018

11:11 h. He. Ha.




Cualquiera lo entiende.
A ver "He llamado a fulanito y me ha dicho...."  o "Ha llamado fulanito y me ha dicho..."
Qué matiz. Hay que ver, pero si parece una tonteria, hasta podría ser una errata. Vamos a verlo completo:
"He llamado a R. C. para gestionar lo tuyo y me dice que ya te dijo lo que había que hacer."
o  Ha llamado R.C. en relación a lo tuyo.... y como no se la conversación no puedo seguir, pero si sé que hacia no más de diez minutos que yo había hablado con R.C. , que me había dicho que era la primera noticia que tenia de lo que comentamos (que lleva ya un mes pendiente y es cuestión de "ellos") y que iba a llamar a la otra parte para decirle lo que hay que hacer.
La escena es fácil de ver, R.C. llama a la otra parte (ahora ya se a que persona, habían cuatro posibles) y le dice lo que hay. Y, a continuación, esa persona que es con quién tengo confianza me manda un wassap con "He llamado a RC para gestionar lo tuyo y me dice que..."
Si le ha llamado R.C. a ella, porque me dice lo contrario?
¿Es mentirosa?  ¿Se puede hacer tal afirmación?
A ver si es un error: "Ha llamado a RC para gestionar lo tuyo y me dice que ya te dijo..."
no parece que sea muy correcta la frase.
Tal vez: "Ha llamado RC en relación a lo tuyo y me dice que ya te dijo..."
Esto sería más correcto y descarta que el corrector diga He donde queria decir Ha. Y, sin embargo tal como esta la frase en el original también es correcta gramaticalmente, pero nada parecida a la realidad.
Aquí esta escrito, podemos leer la frase muchas veces, comprobar lo que decimos.
Cuando es en una conversación es fácil, según el carácter de cada persona, hacer dudar uno a otro.
Ha ocurrido  en algunas ocasiones. Tiendo a ser muy exagerado en lo que pienso es lo real o perfeccionista, la frase, las palabras, exactas, si me quiero desdecir lo puedo hacer, pero no cambiar las frases o las palabras. De ahí, que a causa de esto ha habido discusiones y cierta desesperación por mi parte, no acabando de entender que sea como me muestra la otra parte.

Pude observar otra situación hace unos días, eramos tres personas conversando, en un momento surge una idea contrapuesta entre las otras dos personas, yo manifiesto mi opinión pero como ellas siguen más intensamente en el tema ya me callo. Hay un momento en que una de las personas le dice a la otra que ha cambiado su cara y se ha puesto como enfadada, que no es para tanto. Yo estoy viendo a ambas y no percibo dicha expresión que a la vez es negada por la interpelada. También, por parte de la interpelante, pasa conmigo de ver todo muy positivo a encontrar un defecto, que no digo que no lo tenga, pero es curioso ese cambio de parecer, claro yo estaba más de acuerdo con la otra parte, siendo como era una cuestión con muy poca importancia.

¿Cómo manipulamos? ¿Cómo agredimos?

viernes, 2 de noviembre de 2018

COLD WAR

 
 
 
 
 
Título original   Zimna wojna
Año   2018
Duración   88 min.
País   Polonia Polonia
Dirección
Guion   Pawel Pawlikowski, Janusz Glowacki
Fotografía   Lukasz Zal (B&W)
Reparto, , , , , , , ,
Productora   MK2 Productions / Apocalypso Pictures / Film4 / Opus Film / Protagonist / BFI Film Fund
Género   Romance. Drama | Drama romántico. Años 50. Años 60. Guerra Fría. Música. Baile
Sinopsis   Con la Guerra Fría como telón de fondo, “Cold War” presenta una apasionada historia de amor entre dos personas de diferente origen y temperamento que son totalmente incompatibles, pero cuyo destino les condena a estar juntos. (FILMAFFINITY)
Premios   2018: Festival de Cannes: Mejor director
      2018: British Independent Film Awards (BIFA): Nom. mejor película intern. independiente
¿Por qué teniendo lo más dificil, el amor loco, apasionado, pleno, sin más, no se es capaz de vivirlo, de gestinarlo?
Triste historia de amor que todo aquel que la viva en su vida deberia poderla vivir por segunda vez, porque esta claro que la primera, al igual que en la pelicula, va a ser un fracaso.
En blanco y negro, años cincuenta, Polonia, Paris, pantalla estrecha, parece un filme de la epoca. Excelente papel el de los protagonistas, Joanna y Tomasz, enamorados no consiguen vivir su amor, a pesar de las dificultades de la epoca, no son estas las que impiden vivir su amor, son sus miedos, sus prejuicios, sus modos de vivir la vida, pero ¿quién lo sabe? ¿quién sabe que es lo que impide a dos almas enamoradas vivir su amor sin hacerse daño? Tal vez historias como esta deberían poderse vivir al menos en dos ocasiones en la vida de las personas, la primera nunca la sabemos vivir, tal vez en una segunda oportunidad sepamos ver aquello que de verdad importa.
El filme nos permite gozar de excelentes canciones de la epoca y del lugar, Polonia. 
Tristeza y rabia siente el espectador a lo largo de la pelicula, es como luchar contra la realidad, como querer dar un grito a los protagonistas proponiendoles que no se dejen llevar por sus miedos y que vivan eso tan precioso que tienen juntos, ese amor tan pleno que juntos se activa. 
Rabia que explota casi al final, por otro amor, por ver otro amor destruido, el de una mano de un excelente pianista que vive de su musica, rota. Ese instante es ya el fin.