Notas tras un fin de semana de retiro en Caudiel con el sacerdote Esteve Humet y los compañeros del Máster de Desarrollo Personal y Liderazgo. (primavera 2014)
FIN DE SEMANA pleno.
Cuando cambio mi día a día, en este caso
mi fin de semana habitual, normalmente se produce un valor distinto del tiempo.
Los momentos se vuelven más plenos, no hay tiempos perdidos, desaprovechados,
y, ni siquiera surge la imperiosa necesidad de “parar” para poder hacer “no se
que”. Tal vez de ahí surge ese deseo de
mucha gente de viajar, al fin y al cabo es salir de su casa y, por tanto, de su
día a día. Este fin de semana ha sido de esos, ¿cuarenta y ocho horas? Ni mucho
menos, más, muchas más, o más bien cada instante vivido, todos, sin derrochar
ni uno solo, hasta durmiendo. Habría que reflexionar al respecto, pienso que
puede dar para mucho.
Hemos comido muy bien, hemos descansado,
gozado de la naturaleza, del silencio, de las conversaciones, de la meditación,
de la reflexión, hasta hemos bailado, y, sobretodo hemos gozado de la enseñanza
de un hombre sabio, hemos sabido de las respuestas que él ha ido encontrando a
sus propias preguntas, nos ha hablado de otros sabios, como l’hermita de
Montserrat, o la señora que acoge a los necesitados (no recuerdo el nombre) o
A. De Mello, de sus vivencias, de sus pensamientos, de las respuestas que ha
ido encontrando. Nos ha hablado de él mismo, de su vida, con humildad, con
total sinceridad, es un lujo que un señor de setenta años te hable así de su
vida, una vida que muchos pueden pensar que traspasa la línea, claro que es la
línea que ellos dibujan.
Cuando el domingo le expresaba mi
agradecimiento a Esteve lo hacía pensando que esa vida vivida por él,
transgresora, pero sin un ápice de
culpabilidad, honesta, me servía a mi como justificación de una parte de mi
vida, justificación en aquello en que también considero que he transgredido y
donde aun me quedan restos de duda. Cuando no estamos totalmente conectados con
nosotros mismos, cuando no somos capaces de reconocernos, aceptarnos, amarnos
sin tapujos, plenamente, buscamos un apoyo, alguien que nos de una palmadita y
nos diga que esta bien lo que hacemos. Así pasaba por mi mente en esos momentos.
Que bien!!! He traspasado la línea en alguna ocasión, la línea que yo creía
única aunque por lo que veo es la que trazan otros, pero que yo asumo, la hago
mía, pero eso, traspasar la línea, también lo hacen hombres sabios, hombres
honestos, hombres que viven y han vivido intensamente. Perfecto, aun no se si
he actuado bien, pero al menos es lo mismo que han hecho otros y no se sienten
culpables y nadie se lo reprocha, al menos, el nadie colectivo.
Ensalada, un arroz buenísimo, aire libre,
el sol, magnifica compañía, gente amable, amorosa, amigos, y Julia. Sí Julia,
¿treinta años? Madre, bielo rusa, varios idiomas, inteligente, comunicativa,
sus treinta años haciéndose preguntas y buscando respuestas, segura, valiente,
y, también, un par de preguntas, bueno o cuatro, y nos cuenta prácticamente su
vida, su corta vida, menos de la mitad que Esteve, pero llena de experiencias,
tal vez de transgresiones (así parece que lo vive su familia, seguramente
también el entorno en donde ha crecido), de decisiones que asume, sabiendo como
quiere educar a su hijo, sabiendo como ha de alimentar a su cuerpo, sabiéndolo
y haciéndolo, todo ello desde la escucha, a partir de sus propias preguntas sin
creer nada de nadie, solo sus propias
respuestas y, si no hay respuesta sigo adelante, atenta a cada vivencia, atenta
a su interior a qué le dice su cuerpo, su corazón,
…y claro, ¿también lo voy a utilizar para
justificar mis….? … pero si tiene la
edad de mis hijos!!!! Y yo que ando
preocupado por ellos!!! Creo que es por mi mismo por quien he de preocuparme,
aunque no es exactamente eso, no, es una forma de hablar, lo que creo que debo
hacer es escucharme, estar atento a mi mismo, abierto a la vida, ….Si, si,
queda muy bien, bonitas palabras, pero ¿cómo se hace eso? Las primeras
palabras, tras dicha pregunta han sido -no lo se, ….
Pero si que lo se, siempre lo sabemos,
solo que no hay que tener miedo y estar abiertos a la vida. Es como el
ejercicio que hicimos, que nos indico Esteve, salid a la naturaleza en
silencio, meditar, mirad a ver que os dice la naturaleza. Alguien más entendió
lo mismo que yo, me refiero a Dani que con su habitual y afortunado sentido del
humor le hablaba a una piedra, eso entendí yo también, algo en la naturaleza me
iba a hablar si era capaz de estar en
silencio, presente, atento,… y a la vez no lo creía, ¿pero cómo me va ha hablar
la naturaleza? Pero sigues, te lo ha
dicho un hombre sabio, así que continuas, presente, en silencio, atento,
observando, y llegas a un punto en donde lees unas frases, parece como un
pasaje de un libro, habla del Hombre, de Dios, del Don, tal vez del propósito,
de la escucha, … ¿qué falta para darme cuenta que el bosque me habla? O la
vida, o el mundo o yo mismo me digo desde mi ser aquello que necesito oír.
Cada vez que tenemos las respuestas a
nuestras preguntas ante nosotros, ¿cómo es que no lo vemos? Por que no las
escuchamos? Es la desconexión, es el
miedo?
Concluyo, es mi vida la que he de vivir,
y yo soy el que más se de mi mismo, solo he de amarme, escucharme, ser yo
mismo, eso, SER.
Perdón, son unas reflexiones en voz alta,
para mi es un ejercicio importante el dejar leer alguna de las cosas que
escribo. Ya llevamos juntos unos meses, nos hemos abierto, en algunos casos en
canal, dentro del grupo, hemos mostrado nuestra vulnerabilidad, conocemos
algunos puntos débiles del otro, eso nos une y facilita que nos amemos.
