
Todos mendigamos
alguna cosa, unos piden en la salida de los templos una limosna, otros
piden una conversación a un amigo, hay quien pide compañía para ir al
médico y hay quién pide que le dejen tranquilo unas horas para poder
estudiar. Hay peticiones claras, directas, con las que es fácil
colaborar.
Hay
otras peticiones, una mirada, un abrazo, una caricia, un sentir que te
quieren, un que te comprendan, una sonrisa de la persona amada, un
sentirse deseado, que nos resultan más difíciles de solicitar. A mi
madre ni le solicitaba el abrazo, directamente se lo daba, nunca percibí
un rechazo. Con uno de mis hijos le observo primero, no tengo temor de
ser rechazado, pero si se que no siempre esta dispuesto a recibir mi
abrazo. Dar el abrazo y recibirlo, saberlo dar y saberlo recibir, ser
capaz de darlo y ser capaz de aceptar que el otro ahora no quiere
recibirlo. Y ser capaz de decir lo que se quiere, tanto para tomarlo
como para no tomarlo. NO hay juicio, solo hay amor.
Cuando
sabes que amas a una persona sabes que cualquier cosa que te pida, si
esta en tu mano, se la vas a facilitar. Sientes el amor de esa persona
hacia ti cuando confía en ti para pedirte aquello que precisa, que
desea. Y tu amor hacia ella tiene donde manifestarse.
En
ocasiones yo mismo no se como pedir lo que quiero. Me doy cuenta de
ello, me doy cuenta de que en alguna ocasión he dado un gran rodeo para
pedir algo sencillo. Y en otras ocasiones ni si quiera he llegado a
pedir lo que quiero.
¿A qué se debe no saber pedir? ¿Faltan palabras? ¿Miedo a que me digan que no? ¿Exceso de "buena educación"? ¿Prejuicios?
Creo que hay miedo, miedo a ser rechazado, a que me digan que no.
O también puede ser que no nos atrevamos a pedir aquello que no estamos dispuestos a dar.
¿Quiero una compañera de vida? Y si es así, ¿qué quiero de ella/con ella? ¿qué estoy dispuesto a dar?
Quiero
una persona alegre, vital, inteligente, lista, atractiva, dispuesta a
escucharme, me mira con admiración, como si cada día fuera el primer
día, sin prejuicios, hay confianza entre nosotros, somos compinches, no
hay horarios para mirarnos, para darnos un beso o para hablarnos.
Respetamos los espacios del otro, los tiempos, con cada día nos vamos
conociendo un poco más, en el modo de ser, en las manías, las
costumbres, me acoplo a las de ella, ella se acopla a las mías, lo
primero entre nosotros es la ausencia de miedo, la confianza, el amor.
Sobre ese pilar construimos nuestro día a día. Nos amamos. Tenemos sexo.
Nos divertimos. Salimos con amigos, compartimos amistades. Compartimos
intereses, proyectos, vida. Hablamos con total libertad de nuestros
hijos. Tenemos encuentros con ellos, juntos. Viajamos juntos,
compartimos las incidencias del día, cocinamos uno para el otro, nos
abrazamos en la cama, nos miramos a los ojos antes de dormirnos y damos
gracias por ese estado vital que hemos creado juntos. Nos sentimos
fuertes, poderosos. De dos personas alegres, vitales, inteligentes,
atractivas, bondadosas, amables, curiosas, con caracteres distintos, con
ansias de crecer, con la sabiduría de saber que lo más valioso es lo
que cada uno es en si y por si mismo, con la confianza de saber que uno
ya es TODO y que juntos uno y uno suman TODO.
Ya
sabes que llevo días queriendo escribirte, decirte. Algo he hecho.
Cuesta mucho. Peleo entre varias corrientes. Esta la historia pasada,
están mis miedos, están estas semanas, esta tu mirada, la mía, de unos
días, de otros. Esta el amor que siento por ti, el que siento por mi, y
están los miedos, y no entiendo si te amo, como puedo tener miedo, y si
me amo, como puedo tener miedo.
Si hay miedo hay falta de amor. Tal vez no te amo, tal vez no me amo.
Y se que te amo, y se que me amo.
Y con miedo te lo digo, pero lo digo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario