Del Benicadell a Gaza.
Momento presente. ¿Quién soy?
Siete de la tarde, trayecto por La Vall
d’Albaida, carretera secundaria (muy secundaria) que comunica los pueblos de
Castelló de Rugat, Rafol de Salem, Beniatjar, Otos, Carricola, Adzeneta de
Albaida, no nos confundamos, no son tantos kilómetros, si que son varios
pueblos, pequeños, encantadores, a la falda del Benicadell, La Umbría del
Benicadell lo llaman, están prácticamente en la parte oeste del pico. La
carretera secundaria, sin arcén, cuando se cruzan dos coches han de aminorar la
velocidad para no rozarse, muchas curvas, subidas y bajadas, es un trayecto
tranquilo, apenas te cruzas con coches, van despacio, pedaleas entre olivos,
viñas, pinos, por la tarde de salida cara al sol poniéndose y muchas veces con
el viento de frente, la ida es más dura que la vuelta, de regreso, menos calor
y el viento ayuda. Si es por la mañana, temprano, totalmente distinto, en
verano, antes de las ocho aun hay como nubes o tal vez humedad acumulada, tapa el
sol, se anda bien, los olores son de la frescor de la noche, por la tarde se
percibe de otro modo la hoja seca de los pinos en el suelo.
Hoy andaré unos kilómetros más, cada
viaje es un poco más largo, una vez hago un trayecto ya se que puedo hacer algo
más, aun así he de no pensar en las cuestas, en si puedo o no puedo, si me
olvido lo ando, si estoy pensado en el trayecto tal vez me sienta cansado,
observo el paisaje, los campos labrados, los olivos, algunos frutales, el
monte, los pinos. Pensamientos, el libro que estoy leyendo, mis hijos, saber
que puedo hacer este esfuerzo, abandono los pensamientos quiero estar en lo que
hago, ir en bici, observar el paisaje, oler el trayecto, ver la bici, la
carretera, pienso en el trabajo, la reciente promoción, el curso en que me he
matriculado, los próximos meses voy a estar muy atareado, pero tengo ilusión en
hacer el máster, me parece muy interesante, pero otra vez la mente se ha ido,
pongo el piño pequeño, estoy cuesta abajo, la estrella grande, bebo agua, pedaleo,
el aire contra la cara, que agradable, lo malo de la bici es que las cuestas
abajo duran mucho menos que las cuestas arriba, pero son una gran recompensa,
el esfuerzo realizado, la suavidad de la bajada, el aire en la cara, la
velocidad, andas a cincuenta, cuidado con las curvas, eres precavido, lástima que en ocasiones hay
que frenar e inmediatamente después de la curva hay que subir, cambio y a
pedalear, se pierde velocidad rápidamente, si no se coge bien te cansas más de
lo que podrías, tienes que hacer más esfuerzo del necesario, es cuestión de
tener el cambio adecuado y en el momento adecuado, en cada caso es distinto,
depende de la pendiente, de la longitud, etc. Observas, sabes, y avanzas con
menor esfuerzo, te vuelves un poco más sabio, se trata solo de observar, de
estar en el instante, mirando la carretera, sintiendo las piernas, viendo la
velocidad, la pendiente, la longitud, el esfuerzo que has de realizar, a que
velocidad subes, observas y conoces, pero estas observando la carretera, la bici,
el cambio, la pendiente, la temperatura, la velocidad, ¿quién observa? ¿eres
tÚ? Es Xavier el observador, y ¿quién observa a Xavier? ¿quién ve si se levanta
del sillín o si esta sentado, quién ve si mueve los dedos para cambiar de
velocidad, quién ve donde miran sus ojos, quién mira su mente para saber por
donde van sus cálculos, sus pensamientos?
Y ¿quién es ahora Xavier? ¿Es una
persona? ¿acaso es un empleado de banca? Pero si hoy no ha hecho nada de banca,
no ha visto a los clientes ni ha estado en ninguna reunión ni ha negociado
ningún depósito ni estudiado ningún crédito? ¿cómo puede ser un empleado de
banca? Ayer, si ayer si que lo hizo, pero ¿existe ayer?
Ahora es acaso Xavier un lector? ¿esta
leyendo? ¿es un hombre? Bueno, puede o no, ¿qué lo define? Ahora Xavier es un
ciclista, esta circulando con una bici por la carretera, es un ciclista y un
ciclista se entiende sin una bicicleta? No puede ser, no existe el ciclista si
no anda con una bicicleta, Xavier y su bicicleta son uno, ambos son un ciclista
que esta rodando por la carretera secundaria que une varios pueblos pequeños y
con mucho encanto de la Vall d’Albaida a la falda del Benicadell en su parte
oeste. Y ¿existe el ciclista sin la carretera? Xavier, la bici y la carretera
forman un todo para que en estos instantes [en aquellos instantes] haya un
ciclista.
Ya lo entiendo, pretendo escribir,
trasladar al papel lo que en ese instante pasa por mi cabeza, por mi cabeza de ciclista, imposible, no
puedo dos días después y ya sentado en la silla y después de haberlo observado
trasladar aquello que he vivido, ya es otra cosa, ya no es aquel instante, este
es otro instante, ahora Xavier no es un ciclista, ahora veo a una persona
sentada en una silla frente a un teclado de ordenador y moviendo los dedos de
una forma ordenada y generando una serie de grafismos que surgen en una
pantalla que tiene enfrente de sus ojos y que observa con atención. Ahora esta
persona que responde cuando alguien le grita Xavier es un escritor, y el
escritor no existe sin su escrito, sin su estilográfica, lápiz u ordenador, el
escritor no existe sin su escrito, ahora la mesa, la silla, el ordenador, los
plásticos, los circuitos, los grafismos, … todo eso forma parte de un todo que
es un escritor que es lo que es en estos instantes Xavier.
Ha desaparecido el ciclista, ahora hay un
escritor. Es ahora un hijo, Xavier? Tiene padre y madre, pero ¿es ahora un
hijo? ¿es un padre? Borja y Pau, ¿tienen padre? Son ellos ahora hijos? ¿son ahora hermanos?Con el observador el
objeto observado cambia, de repente me he vuelto también padre, además de
escritor soy padre, hay un hilo que nos une, ahora están muy presentes en mi
mis dos hijos, y cuando no tengo mi pensamiento puesto en ellos siguen estando
muy presentes en mi vida en todos los aspectos, soy padre, y soy ciudadano del
mundo, ahora estoy en una casa en Valencia, hasta aquí llega la brisa del Mediterráneo, ese mismo mar que baña las costas del norte de África y de
Italia, ese mismo mar que baña las costas de lo que llaman la Franja de Gaza,
donde hay dos grupos de hombres que se están matando entre ellos, unos con una
mayor superioridad en armas y en recursos, yo desde aquí ¿soy distinto a ellos?
Que son ellos? Son acaso hombres, mujeres, son de un país o de otro?
¿Pertenecen a una o a otra religión? ¿Qué son? Son personas que llevan un fusil
y disparan son guerreros, son personas que se cubren el rostro ante el
estallido de una bomba, son personas que recogen a los heridos y los retiran a
su casa para tratar de curarlos, personas que lloran a sus muertos, y ¿existe
el guerrero sin el herido, sin el muerto, sin el arma, sin el enemigo? ¿y
existe el escritor que relata sin que existan los hechos?
Y si yo soy tanto el guerrero como el
herido, ¿cómo puedo tomar parte por uno de los dos? Si soy ambos. Si ambos son
el mismo. Si me estoy hiriendo yo mismo.
Y ¿no nos hieren a todos cuando cae un
herido por una bomba, y no morimos cada uno de nosotros cuando hay una masacre
y no relatamos todos la historia cuando uno de nosotros la relata?
Y acaso no somos necesarios unos a otros
para que existan los otros y los unos, acaso no somos todos unos, acaso no
podríamos construir otro relato, un relato de cooperación, de amistad, de amor,
acaso si escribo un relato distinto va ha cesar la guerra, si dibujo una franja
de Gaza llena de plantaciones de verduras y de arboles frutales, donde sus
habitantes están ocupados recogiendo la cosecha y preparando la carga para llevar el fruto al
mercado y al puerto para exportarlo a otros países.
Ese es el relato que voy a contar de
ahora en adelante y de manera automática han de cesar las agresiones, ya no hay
guerreros, solo hay campesinos y tenderos y cocineros y cantantes y niños que
van a la escuela, y maestros.
05/08/2014 Valencia

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