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lunes, 3 de julio de 2017

Carta de Juan Rulfo a Clara Aparicio

Chiquilla:

            ¿Sabes una cosa?
            He llegado a saber, después de muchas vueltas, que tienes los ojos azucarados. Ayer nada menos soñé que te besaba los ojos, arribita de las pestañas, y resultó que la boca me supo a azúcar; ni más ni menos, a esa azúcar que comemos robándonosla de la cocina, a escondidas de la mamá cuando somos niños.
            También he concluido por saber que los cachetitos, el derecho y el izquierdo, los dos, tienen sabor a durazno, quizá porque del corazón sube algo de ese sabor.
            Bueno, la cosa es que, del modo que sea, ya no encuentro la hora de volverte a ver.
            No me conformo, no; me desespero.
            Ayer pensé en tí, además, pensé lo bueno que sería yo si encontrara el camino hacía el durazno de tu corazón; lo pronto que se acabaría la maldad a mi alma.
            Por lo pronto, me puse a medir el tamaño de mi cariño y me dio 685 kilómetros por la carretera. Es decir, de aquí a donde tú estás. Ahí se acabó. Y es que tú eres el principio y el fin de todas las cosas.

Juan

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