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viernes, 8 de junio de 2018

El despertar


EL DESPERTAR (La traición de la propia naturaleza)  LOURDES OLIVE

El Viernes, 26 de junio de 2009 a las 12:57
Es muy fácil traicionarse a uno mismo. Lo único que hay que hacer es decirle a los demás "si"
cuando se quiere decir "no". Lo único que hay que hacer es tomar la identidad de otro por la de uno.
Las personas que se pasan la vida intentando complacer a los demás, no alcanzan la verdadera intimidad. Aquel que busca aprobación la encontrará durante una temporada, pero al poco tiempo ésta se convertirá en una prisión.
La persona que se traiciona tendrá que retractarse más tarde o más temprano. La que busca la salvación en otros culpará a los demás cuando esa salvación no llegue, La que dice "si" porque tiene miedo de decir "no", acabará diciendo "no" pero no será un "no" amable ni compasivo. Será el "no" severo y rencoroso de quien intenta sobrevivir, de quien tiene miedo a ahogarse. Será el grito de una persona que se siente traicionada, aunque, en realidad, se haya traicionado ella misma.
Aquellos que han tenido dificultades para individuarse toman prestadas las identidades de otros con demasiada facilidad. Se apresuran a adoptar unos papeles para complacer a los demás; papeles que abandonarán con la misma premura cuando dejen de recibir la seguridad que esperan encontrar en ti.
No te sorprendas si algunas personas acuden a ti con la expectativa de que tu las completes. Suele ocurrir. Pero no te tragues el anzuelo. Tú no completarás a nadie, y nadie te completará a ti. Debes encontrar tu propia entereza. Debes saber que ya eres bastante. No pienses que vas a encontrar a otra persona que te abrace incondicionalmente antes de que hayas aprendido a hacerlo tú mismo. Eso no es posible. Como mucho, hallarás a alguien para aprender juntos.
Cuando una relación deja de ser transformadora para ti, la abandonas. Es inevitable. Pero ese, por supuesto , no es el único motivo por el que lo haces. También te sucede cuando no quieres enfrentarte a los miedos que se te presentan. Sin embargo, y esto no lo dudes ni un momento, siempre que abandones una relación de ese tipo, crearás otra en la que deberás enfrentarte a esos mismos miedos. Del mismo modo que te resulta imposible permanecer en una relación cuando ya ha cumplido su propósito en tu vida, también te será imposible abandonar la lección de tu relación hasta que no la hayas aprendido. Tal vez necesites experimentar esa lección con veinte parejas distintas y de veinte maneras distintas, pero no la dejarás hasta que la hayas asumido. Inevitablemente escogerás a una pareja que tenga que aprender una lección similar o complementaria, y cuyo miedo a hacerlo estará más o menos a tu nivel. Ella disparará tu miedo y tú dispararás el suyo, con lo cual sacaréis la lección a la luz. Cuando esto ocurra tienes dos opciones: proyectar el miedo sobre tu pareja o adueñarte de él. Si lo proyectas sobre ella, la responsabilizarás de todo lo que no funciona en la relación y nunca llegarás a vislumbrar tu propio miedo. Pero si tienes la valentía de enfrentarte honradamente a tu miedo sin hacer responsable de él a tu pareja, avanzarás hasta llegar al otro extremo. Comprenderás todos los motivos que te hacen evitar la intimidad. Y aprenderás a amarte, a alimentarte a ti mismo y a dar pasos de niño hacia la intimidad. Cuando se tiene miedo, es mucho más razonable dar pasos de niño que lanzarse al combate. Claro que, cuando no se sabe de qué se tiene miedo, uno se lanzará, traicionará o será traicionado, y después se preguntará qué es lo que no ha funcionado. 

 

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