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lunes, 29 de mayo de 2017

Meditación


 Dúo Musical Proyecto Sólidos formado por Arantxa Domínguez voz y Ricardo Belda al piano.


¿Qué es lo que nos lleva a perturbarnos?
¿Es un determinado estado de ánimo, tal vez se inicia desde un estado físico?
O acaso es una frase, una discusión, un cambio de planes forzado, un comentario,.,.,. el que nos lleva a la perturbación?
Cuando un pensamiento se convierte en un circulo en mi mente, rueda y rueda sin dejar de estar ahi, sin avanzar, sin dejar avanzar al resto de mi ser,  sin dejar entrar otros pensamientos, o tal vez no queriendo que entren. Cuando, por la causa que sea, surge un pensamiento obsesivo que, además, ocupa todo el instante, todo el ser, una buena solución que tengo es correr, sí, correr como esfuerzo físico, no sé que pueda tener también de huida o  de búsqueda, todo cabe cuando inicias una carrera. Es una carrera de ida y vuelta, vas y vienes, tensas los músculos, aceleras la respiración, tienes que prestar atención a tu "cansancio", que es más mental que físico, ejercitas la fuerza y por ahí sale adrenalina, rabia tal vez. Luego, con la ducha, acabas expulsando toda la suciedad que te iba dejando la obsesión.
Es esa una solución, aunque el pasado jueves había previsto asistir a un concierto cuando a causa de un pensamiento que no me dejaba contemple la posibilidad de salir a correr. No quería que esa obsesión pudiese conmigo y una forma de darle poder era cambiar mis planes. Así pues, decidí asistir al concierto y planteármelo  como una meditación, actividad que también me ayuda a apaciguar mi mente, con la dificultad de que cuando esta muy "movida" me resulta difícil pararme, sentarme a meditar.
El concierto era de jazz, Ricardo Belda, admirado pianista, la voz de Arantxa Dominguez, a la cual no conocía. Acompañados de un contrabajo y un batería. El lugar el Palau de la Música de València, lugar muy familiar para mí y muy admirado.
Decidí sentarme tomando consciencia de mi postura, quedar en silencio y escuchar la música meditando, no iba a aplaudir para no separarme de mi centramiento. Así transcurrieron las dos primeras piezas, además de la entrada de los músicos y posteriormente de la solista. Me mantuve centrado, quieto, sin aplaudir, todavía entrando en el silencio interno, perturbandolo los aplausos de los asistentes.  Bien pronto percibí lo difícil que me resultaba reprimir mis palmas, con el fin de mantener un estado interno de silencio, frente a las brillantes interpretaciones y el entusiasmo del resto de espectadores. La misma disciplina en el deseado estado de silencio y el abandono me llevó a aplaudir tras el siguiente solo del contrabajo. A partir de ese momento me envolví en el ambiente, en la música, en los aplausos. Cuando tras cada pieza emitía mi sentir mediante los aplausos realmente mantuve un estado de atención, de pertenencia, de plenitud en la música que escuchaba, en la interpretación de los músicos, en la escucha de los espectadores, ....
A partir de mi abandono a la situación, al momento, a vivir el concierto, es cuando realmente forme parte del mismo concierto como un todo junto con el resto de participantes.
NI que decir que el pensamiento obsesivo desapareció hasta el punto de que ni me acordaba a la salida del concierto, de mi estado emocional antes de sentarme en la Sala Rodrigo del Palau de la Música de València.

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